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La isla de Texel

Primera historia basada en las imágenes de nottiem. Los últimos serán los primeros, injusto pero cierto.

Soy consciente de que me complico demasiado. Estoy inventando tramas demasiado rebuscadas para lo que deberían ser historias cortas por eso cuando este cuentecillo me fue susurrado a las 5 de la mañana tuve que escribirlo.

Aviso que es una fantasía algo tonta pero me apetecía algo sencillo y ligero.

Me baso en esta imágenes:
http://lenagnl.deviantart.com/art/291-71982838

http://bendischild.deviantart.com/art/to-fly-71369882

Podría haber metido su tercera propuesta pero esa la voy a dejar para la historia de dark_rachel



Los habitantes de la isla de Texel eran duros y secos, como la tierra que cultivaban. Hay quien afirma que existió un tiempo en el que sus gentes sonreían y cantaban. Hay incluso quien asegura que la música se inventó en Texel pero eso sucedió hace tanto, tantísimo tiempo, que ni los más ancianos entre los ancianos podían recordarlo, porque el lugar estaba asolado por una maldición que nadie creía merecer. Año tras años el mar plomizo en el que no existían los peces avanzaba sobre la tierra para no retroceder jamás. Anegando la alegría del lugar.


Cuando el mar  implacable conquistaba  un nuevo pedazo de suelo se  celebraba una fiesta, agridulce, como todas las despedidas. La Isla entera bailaba bajo  las estrellas para despedirse al alba con tristeza en la mirada. Las personas que sabían que lo iban a perder todo se ataviaban con sus mejores galas, aquellas que no utilizaban ni los lunes, y aguardaban férreos la llegada de las aguas grises. Nunca hubo quien abandonara su puesto, eran sus tierras, lo único que poseían. Aguantaban impávidos la llegada de las olas que en su juego inocente devoraban los cultivos mientras los desdichados de turno, hombres, mujeres, familias enteras, lloraba en silencio. Lágrimas saladas que se endurecían hasta transformarlos en estatuas inmóviles sobre la mar.

Así la costa se desdibujaba entre duros abrojos y sombrías figuras de piedra. Cada vez que esto sucedía un trocito de desesperación se aferraba al corazón de los aldeanos

Un día apareció una chistera amarilla bajo la que se escondía un hombre de diminutas proporciones. Nadie supo cómo llegó a Texel, hacía lustros que ningún barco atracaba en el puerto. El hombrecillo al que los habitantes de Texel, parcos en imaginación, llamaron Chistera, observó con ojos llorosos la situación de los granjeros y con la mano en el pecho juró solemnemente que podría toda su sabia locura en encontrar una solución

Chistera recorrió toda la isla durmiendo en cada granero, casa del alcalde o villa de aldeanos que le mostró cobijo. Pronto los lugareños se acostumbraron a vislumbrar en el horizonte a aquella  chistera amarilla bajo la que brillaban un par de ojillos tan claros y cristalinos como el mar que nunca se vio en Texel. Bajo su mirada azul resaltaba  una enorme nariz bulbosa que a nuestro hombrecillo gustaba de acariciar con una pluma de avestruz. Pero lo más llamativo de aquel mago, sabio o loco era la barba larga y espesa entre la que se enredaban las más fascinantes cosas; guijarros de colores, hojas del otoño.. a veces incluso las piernas del propio Chistera que tan pronto estaba sobre el suelo como tendido en él refunfuñando contra su fobia a los barberos. Cosa increíble su chistera nunca abandonó su cabeza aún en las más increíbles caídas, como cuando rodó por todo el Monte del Vigía.

Chistera trajo al pueblo una esperanza que se apagó como las llamas bajo las olas del mar. La maldición seguía cercando las ilusiones de los aldeanos, transformado las granjas de tejados de zinc en moradas submarinas.

Nadie, nunca, jamás, recriminó al pequeño mago su incapacidad para detener al mar pues todos sabían que sus intenciones eran nobles. Tan sólo Veloz, la niña de las trenzas doradas y  mirada de humo, se atrevió a darle unas palmaditas en la espalda ante su aparente derrota y suplicarle que permaneciera con ellos hasta que todos fueran rocas del fondo marino.

Fue entonces cuando Chistera hizo lo que jamás se había visto, se enfadó. Se enfadó tantísimo que pasó una semana gritándole al viento sobre los desfiladeros.

Transcurridos esos 7 días el mago convocó a toda la Isla en el Monte del Vigía y tan alto como lo permitía su afonía confesó que las gaviotas de los acantilados le habían dado la solución

De su barba sacó una vieja maleta de cuero entre la que rebuscó nervioso, lanzando objetos imposibles; palomas, pañuelos, rosales… incluso un faro llegó a surgir de sus profundidades. Permaneció así durante 20 días y 3 noches hasta que del bolsillo izquierdo de su chaleco encontró lo que el llamó "Pastillas de la felicidad", unas píldoras irisadas que hacían sonreír a quien las mirara.

En las manos diminutas de Chistera aquellas pastillas parecían inútiles, inofensivas, pero el mago advirtió que sus efectos serían irreversibles. El mar no supondría nunca más un obstáculo pero había un precio a pagar. Los primeros en probar fueron Valiente y su mujer, los granjeros de las tierras septentrionales. Otorgándose valor a través de los dedos entrelazados masticaron las pastillas que sabían a sueños y a canela.

Pasó lo nunca imaginado, de repente Valiente y su mujer comenzaron a reír, tan alegres y ligeros que sus pies dejaron de tocar el suelo. Se elevaron hasta el cielo entre carcajadas de colores hasta que en un estallido de plumas y felicidad, aparecieron dos pequeños gorriones  que surcaban el espacio entre trinos y cabriolas.

En la actualidad Texel es un lugar famoso por su faro, sus costas de formas recortadas entre las que surgen piedras de inquietantes formas y por los cientos de gorriones que sobrevuelan la Isla

Os voy a contar un secreto, la Isla de Texel existe, está encima de Holanda. Lo sé porque me obligaron a recorrerla en bicicleta y fue una verdadera tortura

Tags: cuento, imagenes
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